Para empezar, los científicos dicen que no es común contraer Covid-19 por entrar en contacto con superficies infectadas con el virus , como tampoco por encuentros o cruces fugaces con otras personas al aire libre. Por el contrario, el gran culpable son las interacciones personales a poca distancia y durante un tiempo prolongado: las congestiones de gente, los lugares encerrados y poco ventilados donde la gente habla fuerte maximizan el peligro.

Estas nuevas confirmaciones están ayudando a empresas y gobiernos a elaborar estrategias de reapertura que resguarden la salud pública y al mismo tiempo permitan poner en marcha otra vez la economía. Entre otras medidas, están la instalación de mamparas de acrílico, la exigencia de llevar puesto el tapaboca en negocios y lugares públicos cerrados, el uso de sistemas de ventilación efectivos, y mantener abiertas las ventanas lo más posible.

Dos extensos estudios recientes dejaron demostrado que las cuarentenas de gran escala -con la orden de quedarse en casa, el cierre de comercios y la prohibición de reuniones y visitas- previnieron millones de contagios y de muertes en todo el mundo. Ahora, con esas nuevas certezas en la mano, los gobiernos nacionales y municipales pueden intervenir de manera focalizada para impedir que el virus vuelva a dispararse.

Eso implica, por ejemplo, resguardar mejor a los adultos mayores de las residencias geriátricas y a las familias multigeneracionales que viven en condiciones de hacinamiento , explican los científicos. También implica enfatizar la importancia de la distancia física y el uso de barbijo, así como impedir que se junte gente en espacios cerrados.

«No deberíamos pensar en confinamientos, sino en formas de aumentar el distanciamiento físico», dice Tom Frieden, CEO de Resolve to Save, una organización sin fines de lucro dedicada a la salud pública. «Se podrían permitir las actividades al aire libre, como caminar y correr o el trabajo en oficinas donde todos cumplan con el distanciamiento físico. También fomentar las compras y pedidos que se pasan a buscar cuando ya están listos y otros métodos innovadores que faciliten la reanudación de la actividad económica sin reavivar la propagación del virus». Las recomendaciones para la reapertura también incluyen testeos masivos, el rastreo de contactos y el aislamiento de quienes de infectaron o estuvieron expuestos al virus.

Uno de los importantes factores de contagio es que algunas actividades aparentemente inofensivas , como hablar o respirar, generan partículas respiratorias de diversos tamaños que son dispersadas por las corrientes de aire y potencialmente pueden infectar a las personas circundantes. Hasta el momento, las organizaciones de salud señalan el contacto con gotas respiratorias como el mayor modo de transmisión del Covid-19. Esas gotas de fluido pueden contagiar el virus si caen y se depositan sobre los ojos, la nariz o la boca de otra persona. Pero lo cierto es que suelen caer al piso o sobre otra superficie muy rápidamente.

Algunos investigadores dicen que el nuevo coronavirus también se transmite a través de microgotas minúsculas llamadas «aerosoles» , que quedan flotando en el aire más tiempo que las gotas respiratorias más grandes. Esos aerosoles directamente serían inhalados por la persona sana.

Y eso es lo que puede haber ocurrido en el restaurante de Guangzhou, China, donde un comensal infectado que todavía no tenía síntomas contagio a cinco personas de mesas adyacentes. La ventilación del salón era pobre y los extractores de aire estaban apagados, según un reciente análisis científico sobre las condiciones del local. En ese entorno de encierro , es posible que el virus aerosolizado por la respiración y la conversación del comensal infectado se haya ido juntando en el ambiente y que el aparato de aire acondicionado haya hecho recircular esas partículas en el interior del salón, según los autores del estudio, que todavía no fue corroborado por otros informes.

Uno de sus autores, el profesor de ingeniería de la Universidad de Hong Kong, Yuguo-Li, dice que es fundamental la buena ventilación de los lugares donde la gente concurre o trabaja. La ventilación forzada del aire, primero hacia el cielorraso y luego su expulsión para hacer ingresar aire fresco del exterior ayuda a diluir la carga viral ambiente y disminuye el riesgo de contagio.

Otro factor crucial es la exposición prolongada al virus , que en términos generales se define como 15 minutos o más de contacto sin protección con alguien y a menos de 1,8 metros de distancia, según John Brooks, máximo funcionario médico a cargo de la respuesta al Covid-19 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). De todos modos, Brooks advierte que esa es solo una regla general: con un estornudo en la cara u otro tipo de contacto íntimo que implique la emisión de muchas partículas respiratorias, el tiempo de exposición resulta irrelevante.

Supercontagiadores y eventos de supercontagio

El 10 de marzo, durante el ensayo de un coro de iglesia en el estado de Washington, se contagiaron el 87% de los presentes , cuenta Lea Hammer, epidemióloga del departamento de salud pública del condado de Skagit y autora principal de un estudio que advierte sobre eventos con potencial «supercontagiador», donde una persona o un pequeño número de personas deja un tendal de infectados. Durante ese ensayo que duró dos horas y media, los integrantes del coro cambiaron de lugar cuatro veces . Estaban muy apretados en un espacio reducido y en su mayoría eran adultos mayores, y por lo tanto más vulnerables a la enfermedad, señala Hammer. Hechas esas salvedades, lo cierto es que 53 de los 61 asistentes se contagiaron y dos de ellos murieron.

Según Hammer, son varios los factores que conspiraron en esa situación. Al cantar , la gente exhala grandes cantidades de partículas respiratorias, grandes y chicas. Además, los cantantes respiran profundamente hasta llenar de aire el fondo de los pulmones, aumentando las posibilidades de inhalar partículas infecciosas . Esa misma dinámica de contagio puede reproducirse en otros entornos donde es habitual respirar profundo y hablar en voz alta durante mucho tiempo, como los gimnasios, las funciones teatrales o musicales, las conferencias, las bodas y las fiestas de cumpleaños. De 61 cadenas de casos en Japón entre el 15 de enero y el 4 de abril, muchos tuvieron que ver con respiración intensa a poca distancia , como reuniones de karaoke, festejos en clubes nocturnos, conversaciones en bares y entrenamientos en gimnasios, según un reciente estudio publicado en Emerging Infectious Diseases.

La así llamada «tasa de incidencia» -el porcentaje de personas que se infectan en una lugar o momento determinado- puede ser muy elevada en situaciones de amontonamiento , en hogares hacinados y en cualquier otro lugar donde hay mucha gente en contacto estrecho y prolongado.

Apenas un 10% de las personas con Covid-19 son responsables del 80% de los contagios, según un reciente estudio publicado por Wellcome Open Research. Algunas infectados podrían tener una carga viral más alta o exhalar más gotas cuando hablan o respiran, o haber quedado confinados con mucha gente en un espacio mal ventilado justo cuando estaban cursando la fase más contagiosa de la enfermedad, dice Jamie Lloyd-Smith, profesor de la Universidad de California que estudia la ecología de las enfermedades infectocontagiosas. «Pero en líneas generales el riesgo de que una persona infectada contagie sigue siendo bajo y por cada evento de supercontagio hay muchas ocasiones en las que nadie se contagia».

La tasa de incidencia del Covid-19 en hogares oscila entre el 4,6% y el 19,3%, según numerosos informes. Entre cónyuges la incidencia es mayor (27%) que entre los otros miembros del hogar (17,3%) según un estudio realizado en China.

Rosanna Diaz, de 37 años, vive en un departamento de 4 ambientes en Nueva York con cinco miembros de su familia. El 18 de abril, Rosanna fue hospitalizada por un ACV que los médicos atribuyen al Covid-19 y dos días después, cuando le dieron el alta y volvió a su casa, todavía tenía tos. Dice que presionó para que la mandaran rápido a su casa porque tiene un hijo autista de cuatro años que la necesitaba. Mantuvo la distancia del resto de sus familiares, se cubría la boca para toser y se lavaba las manos con frecuencia: nadie de su casa se contagió. «No se me acercó nadie mientras estuve enferma».

Según los expertos, en general los exteriores son más seguros porque las partículas virales se disuelven más rápidamente. Pero las gotas respiratorias, sean grandes o pequeñas, son un riesgo incluso al aire libre si la gente se acerca demasiado y el intercambio se prolonga, dice Linsey Marr, profesora de ingeniería ambiental del Instituto Tecnológico de Virginia y estudiosa de la transmisión aérea de los virus.

Nadie sabe con certeza cuanto virus hace falta para que una persona se contagie, pero hay estudios recientes que dan algunas pistas. En un pequeño informe publicado hace poco en la revista Nature, los investigadores no pudieron cultivar el coronavirus si el hisopado de garganta o el esputo del paciente contenía menos de un millón de copias de ARN viral. «En base a nuestros experimentos, para el contagio sería necesaria una carga viral superior a esa cifra», dice Clemens Wendtner, uno de los autores del estudio y jefe del departamento de enfermedades infectocontagiosas y medicina tropical de la München Klinik Schwabing, un hospital escuela de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich.

Wendtner y sus colegas encontraron muestras de pacientes enfermos con niveles virales hasta 1000 veces mayor, lo que podría explicar por qué el virus es tan contagioso en circunstancias propicias: para que el contagio se produzca, podría alcanzar con niveles de carga viral mucho más bajos que los presentes en pacientes enfermos.